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Miércoles, 11 Mayo 2016.

Cerro Colorado, Patagonia Chilena

La Patagonia es uno de los lugares mas increíbles del planeta, su lejanía e inhóspito del lugar hacen de esta cordillera un paraíso para los escaladores y alpinistas. A día de hoy es fácil encontrar rincones de ensueño para escalar y perderte como en el salvaje oeste, el Cerro Colorado es uno de ellos. En este pequeño valle Chileno todavía puedes pasar unos días apartado del mundo, disfrutando de la roca y las vistas al gran lago Argentino y sus cerros nevados.

En la última década, la escalada en la Patagonia ha sufrido un cambio sustancial debido a las nuevas tecnologías y partes meteorológicos. Ese cambio ha sido plasmado en las actividades punteras que se están desarrollando en toda la cordillera. Los partes meteologicos favorecen la escalada y eso se puede comprobar en la cantidad de ascensiones que ha habido en los últimos diez años, desde que se instalasen estaciones meteo donde sacar datos numéricos. Por otro lado habrá personas que piensen que se ha perdido ese punto de aventura que tenia esta cordillera.

Yo desde mi punto de vista creo que la aventura sigue latente en la Patagonia, la soledad, la lejanía y lo duro del entorno siguen siendo características de una cordillera con un potencial increíble e infinito. Esos partes de meteo hacen que la gente se mueva a escalar a otras zonas, mientras esperan la deseada ventana de buen tiempo que no llega nunca. Hay ocasiones que en 25 o 30 días no hay margen para escalar en altura. Eso es lo que nos sucedió a nosotros, estábamos quemados de estar tantos días en Chalten y decidimos marchar una semana de excursión por tierras Chilenas. En este territorio las distancias son muy largas para lo que estamos habituados los europeos. Si nunca has transitado por la ruta 40 o la carretera Austral, no tiene desperdició, solo el viaje ya es una aventura. El paisaje, los lagos, el cielo y la gente con la que topas merece la pena y es parte del viaje, sin todo ello la escalada no tendría el mismo significado.

 

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El “Cerro Colorado” esta ubicado al suroeste de Chile Chico, en la región de Aysén, en el extremo noreste de la reserva nacional del Lago Jeinimeni. Desde el Chalten hay unos 850 kilómetros siguiendo la ruta 40 hacia el norte. El viaje es cómodo, para lo que era esta carretera hace años y no tiene mucha perdida, hasta la frontera de Chile Chico, que es la última población antes de adentrarse en el valle del Cerro Colorado.

La pared norte y noroeste tienen entre 150 y 200 metros verticales. El sitio a primera vista nos recordó a las torres del diablo o Devil´s Towers, por su formación de columnas en forma de prisma. La roca es basáltica con una adherencia que en función del color de la roca es un poco patinosa. La escalada es prácticamente de fisuras, diedros, techos fisurados y algún que otro offwith con una graduación americana. A día de hoy hay aproximadamente unas 15 rutas largas de entre 5.10 y 5.12. Además de varios sectores de un largo donde esta muy bien para familiarizarse con la escalada y la roca.

El chileno Andrés Bozzolo fue quien descubrió el lugar. Las primeras rutas fueron abiertas por el americano Jim Donini junto con Jake Moritz, Jay Smith y Jim Turner. En el 2013 Dave Brown y Jhon Crook abrieron varias vías nuevas, incluyendo tres rutas largas. En el 2015 Coleman Blakeslee, Tad McCrea, Austin Siadak y Matt Van Biene dejaron su sello con otras dos rutas, mas algunas vías de un largo. Los siguieron los brasileños Mariana Candeia y Mauricio Clauzet, seguidos de Diego Simari y Luciano Fiorenzia. Como podéis comprobar la historia de esta pared es bastante reciente y a día de hoy las posibilidades de aperturas son enormes, ya que el paño es muy largo.

La aventura comenzó en El Chalten, después de permanecer varias semanas deambulando por el macizo del Torre y Fitz Roy, sin mucho éxito y ver que la meteo no mejoraba, nos decidimos por hacer una salida de una semana a esta zona rocosa y salir de la rutina. La idea surgió después de ver unas fotos de nuestros colegas franceses Jerome Sullivan y Lise Billón que habían estado en la zona unas semanas antes que nosotros y nos recomendaron el sitio y el viaje. Nos pusimos manos a la obra y en un par de días ya teníamos dos coches llenos de colegas fanáticos y con ganas de conocer y escalar en otros lugares. Por un lado íbamos Oriol Baró, El Yeti, Paula Alegre y el que suscribe y en el otro coche iban Los catalanes Marc, El Bru, el vasco Mikel Bonilla y el argentino Santiago. Un equipo variopinto lleno de motivación y buen humor y con ganas de catar esas fisuras perfectas que nos habían cautivado en las fotos y topos de “Pataclimb”.

El trayecto nos costo cerca de 9 horas hasta la frontera de Chile Chico, donde teníamos que hacer los tramites fronterizos para pasar de país. El primer día de viaje fue por la ruta 40, carretera que une los dos países y continua hacia el norte, bordeando Argentina con Chile. El paisaje Patagónico es espectacular y si es la primera vez que atraviesas esta carretera no tiene desperdicio, ya que las vistas y lo salvaje del lugar te hacen soñar con historias y libros de los primeros aventureros.

Los atardeceres y la formación de nubes te sumergen en la Patagonia y el viento reinante en toda la zona hace que no te olvides que estas en una de las regiones más salvajes e inhóspitas del mundo.

 

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La primera noche la pasamos en el pueblo de “Los Antiguos” ultima población antes de cruzar a Chile, este pequeño pueblo es famoso por las Cerezas y la fiesta que organizan alrededor de esta fruta, es como el Jerte pero al otro lado del mundo. Esta rodeado del lago Buenos Aires y es una población pequeña pero extensa a la vez, esta muy bien cuidado y es un pueblo bastante conocido ya que es punto de paso hacia Bariloche.

Al día siguiente madrugamos bastante con idea de estar los primeros en el paso fronterizo y así agilizar todos los tramites de pasaportes y visados, la verdad que no nos pusieron muchas pegas y pasamos rápidos y sin tener que desmontar el coche. En Chile la policía fronteriza es bastante exhaustiva con el tema de la comida y verduras y eso hace que haya ocasiones en donde tengas que desmontar todas las mochilas y cajas que teníamos preparadas para los futuros porteos.

En menos de dos horas estábamos en la estancia de Don Márquez tomando un mate y negociando el precio de las mulas. El lugar se parece más a las películas del oeste que otra cosa. Preparamos todas las cargas con ayuda del arriero y en poco tiempo nos encontrábamos caminando por las llanuras del valle, con dos mulas y seis perros salvajes que hacían de guardianes del ganado.
La aproximación se hizo muy cómoda, ya que porteábamos exclusivamente nuestro equipo personal, la comida y el material de escalada lo llevaban las mulas, así que la aproximación fue todo un lujo, íbamos de charleta y disfrutando del entorno. En el trayecto veíamos a los perros cazando liebres y fue todo un espectáculo de supervivencia y astucia por parte de estos perros que se las comían como si fuesen unos pinchos.

Esa misma tarde y después de montar nuestro campo base fuimos a la pared con ansias de escalar y soltar un poco los anquilosados músculos, tras dos días de coche y viaje.

La aproximación desde el campo base a la pared es relativamente corta, en menos de una hora de pedregal estábamos a pie de vía. Un equipo nos quedamos escalando en un sector de deportiva “ lo que se denomina pared central” y otros fueron a escalar en el escudo “probablemente el mejor sector de toda la pared”.
La escalada nos cautivo enseguida, los cerrojos se sucedían combinando dedos y manos, comprobamos que la escalada era exigente, pero muy divertida a la vez. Es un terreno que requiere de concentración y paciencia, sobre todo sino estas habituado a empotrar. Esa tarde escalamos cinco largos de hasta 5.10d y fuimos cogiendo el fealing al basalto y los cerrojos. Con las últimas luces bajamos al campamento a descansar y preparar la cena.

A día siguiente nos despertamos tranquilos, sin mucha prisa comenzamos a preparar el desayuno. Entre tanto nos repartimos las cordadas con idea de escalar en diferentes sectores y así compartir información por la tarde. La jornada ha amanecido ventosa y fría, así que decidimos no estresarnos demasiado y esperar a que temple el día.
Ayer dejamos el material en la misma base, por lo tanto la subida será más ligera y rápida de lo habitual. Los Italianos que comparten campamento base llevan más días que nosotros en la zona y nos han facilitado información de primera mano sobre las mejores rutas que han escalado. Es un equipo de cuatro alpinistas de la región del Piamonte, al norte de Italia, gente maja y fuerte. Habían subido el Fitz Roy y el Torre sin el hongo.

 

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Oriol y Mikel se dirigen de nuevo al “Escudo” con idea de abrir una nueva ruta. Los Catalanes ayer curtieron hasta ultima hora y hoy empiezan con las vías de deportiva para calentar motores. Mientras que el equipo Argentino se dirige al paño centrar para repetir una de las clásicas de la pared.

Nosotros Paula y el que suscribe nos dirigimos a la pared central para repetir la Brown Away 5.11c (6c+) 200m. La ruta consta de cuatro largos de 50/55 metros y surca el Pilar de la pared.
La vía es una de las mejores de la pared, con tres largos interminables de fisura de todos los modelos, el primero tiene una entrada expuesta hasta que llegas a un bolt salvador. A partir de ese punto te quedan 35 metros de fisura de 5.11c magnifica y exigente. La reunión esta emplazada en una terraza, cómoda y con buenas vistas. Escalamos el siguiente largo que tampoco tiene desperdicio, ya nos habían comentado los Italianos que era de las joyas de la pared. Paula escala el segundo largo con estilo y según se pone la fisura ancha le envió la artillería de friends gordos por la cuerda auxiliar, así no tiene que escalar con peso extra. Lo largo de las tiradas te obligan a llevar dos juegos muy completos de friends y eso se nota a la hora de progresar.

Cada largo que escalamos es un mundo y para cuando nos queremos dar cuenta estamos disfrutando de la cima. El viento fuerte nos obliga a descender rápidos y poder disfrutar de las maravillosas vistas. La bajada caminando es evidente, siguiendo unas canales llenas de bloques y piedras sueltas, que incomoda mucho la bajada, menos mal que es corta porque es un terreno muy lesivo. En menos de 1 hora estamos de nuevo en las mochilas rehaciendo el material para el día siguiente.

Las tardes las pasamos en el campo base con un frio que deja pocas ganas para estar fuera de la tienda. Cercas del campamento tenemos un recodo con piedras donde los Italianos llevan días haciendo fuego con los pocos arbustos existentes.
Nos unimos al grupo y bebemos las pocas cervezas que nos quedan, compartimos historias y hacemos el plan de mañana, el viento helador hace que antes de que caiga el sol ya estemos en el saco, la temperatura baja rápido y no da ganas de nada mas que estar en la tienda.

Las jornadas se suceden con normalidad y escalamos cinco días a tope repitiendo algunas de las rutas más representativas de la pared. Para cuando nos queremos dar cuenta se nos acaban los días y nos tenemos que ir. Los Italianos están en la misma situación y repartimos las mulas para descender todos juntos hasta la estacia de Don Márquez. Esa noche hacemos una suculenta cena de cordero asado que nos prepara Marquez y su mujer. El homenaje es de película y nos ponemos morados de carne y ensalada, acompañado de un buen vino Chileno, el ambiente es muy distendido y conversamos sobre futuras escaladas y batallitas de la semana. A la mañana siguiente y con un poco de resaca comenzamos el viaje de vuelta a “Chalten”, nos da mucha pena irnos ya que hemos estado muy agusto, pero andamos justos de días y hay que volver a casa. Para nosotros se acaban las vacaciones y regresamos al Pirineo a seguir con la montaña.

Para acabar me gustaría agradecer a toda la gente de El Chalten por su hospitalidad ( Angie, La Rubita, La Doc, Manu, El Yeti) y much@s mas....

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