• BLOG
  • "Elogio de fracaso" Intento a Manitua, cara norte de las Grandes Jorasses
Martes, 06 Octubre 2015.

"Elogio de fracaso" Intento a Manitua, cara norte de las Grandes Jorasses

Intento a  “Manitua”, 1100m, VI /7A, A2 ( Grandes Jorasses, Punta Croz). 18-19 de Julio 2015.

Panorámica Jorasses

 En la montaña como en la vida hay veces que se triunfa y otras se fracasa. Es un dicho muy valido para el alpinismo, en donde el tanto por ciento de cumplir tu sueño o de realizar tu objetivo se puede ver truncado por una serie de factores intrínsecos a las circunstancias.

Eso es lo que nos sucedió este verano en la cara norte de las Grandes Jorasses, donde nos tuvo que sacar el helicóptero el segundo día de ascensión a mas de 600 metros del suelo, en medio de lo que se denomina el “bouclier”. Un gran muro de 400 metros desplomado en el centro de la pared, debajo de la Punta Croz.

Hay momentos en tu carrera deportiva donde el fanatismo y las ganas de escalar una gran ruta te llevan a correr más riesgos de la cuenta y no hacer caso a la lógica. Es lo que nos sucedió este caluroso verano del 2015 en Chamonix. Las condiciones de la montaña y las altas temperaturas reinantes en todo los Alpes, presagiaban uno de los veranos más secos y calurosos de todos los tiempos. Los continuos desprendimientos de piedras obligaron a cerrar rutas clásicas como la del Mont Blanc. Cada jornada que transcurría llegaban noticias de desprendimientos y caídas de piedras a lo largo de todo el macizo. Como dato curioso comentar que en el mes de julio hubo 27 días de sol con temperaturas altas hasta en la cota de los 4000 metros. La roca se desprendía en numerosas paredes y caras nortes, dejando los glaciares negros y sucios, con grietas y agujeros enormes que nos recordaba al verano del 2003 donde la canícula hizo ahuyentar las alarmas sobre el cambio climático.

Unos días antes de nuestro intento a la ruta, habían escalado la misma seis buenos amigos, divididos en tres cordadas independientes, con gran experiencia en la pared. Los datos que nos facilitaron eran poco alentadores. Roca suelta, desprendimientos y calor, esas fueron las palabras de Julián Casanova el día que tomando una cerveza nos relato la ascensión al más puro estilo Argentino. Eso si realizaron una ascensión majestuosa en un estilo rápido y eficaz.

El 18 de Julio con un tiempo radiante y un parte de 2 días de buena meteo, cogemos el tren de Montenvers dirección Mer du Glace. En poco más de 3 horas estamos en la base del glaciar de Lechaux. La pesada mochila con material de vivac y un buen arsenal de friends se va notando en nuestra maltrecha espalda. Decidimos parar para encordarnos y ponernos los crampones y así aligerar algo de peso, ya que el glaciar va ganando inclinación y las grietas cada vez se hacen más grandes. En 1 hora más de caminata y rectificando una pequeña cagada de orientación, alcanzamos la base de la rimaya. Los nervios y la continua caída de piedras por todos los lados nos alertan de que debemos ascender el primer zócalo rápidos para estar protegidos.

Hacia la 13:00 del medio día comenzamos la escalada, puede parecer tarde, pero fue parte de la estrategia que escogimos y que a la larga consideramos erronea. Los primeros 100 metros fueron una pendiente de nieve y hielo negro que ascendimos en ensamble y como cohetes ya que las piedras no paraban de caer. Roger monta una reunión debajo de la roca, en un pequeño espolón que formaba la piedra, cuando de repente un gran estruendo sacude en la parte alta de la pared, un gran desprendimiento se venia hacia nosotros, observamos una nube de polvo en la zona alta del corredor de los Japoneses y seguidamente caían piedras de todos los tamaños a lo largo de la pared. Nos pegamos como lapas entre nosotros y nos quedamos quietos, mudos ante lo acontecido, el ruido era ensordecedor y el olor a pólvora producido por el granito, nos trasmitía mas miedo del que teníamos en aquel momento. Después de unos minutos nos miramos y dijimos “ menuda librada” Aun así no nos lo pensamos mucho y tire para arriba con unos cuantos friends. Escale rápido por un terreno bastante suelto con grandes bloques IV, que nos deposito en la vira que da acceso al corredor de la Torre I.

En la gran terraza nos agrupamos y sacamos la otra cuerda que llevábamos en la mochila. No hablábamos mucho, ya que la tensión que llevábamos en el cuerpo solo nos hacia pensar en escalar y alcanzar la base del desplome. El corredor que normalmente se asciende en nieve o hielo es una canal seca con bloques muy sueltos, los restos de material nos marcan el camino, realizamos tres largas tiradas al ensamble de Vº grado hasta llegar a una bifurcación que nos habían comentado nuestros colegas. Por la izquierda era lo más lógico, pero la roca estaba literalmente podrida, así que nos vamos hacia la derecha hasta una fisura vertical que da acceso a un bonito diedro, todo esto con botas y la pesada mochila nos pareció 6A. A continuación solo nos quedaba atravesar una gran vira hacia la izquierda para llegar a la base del gran blouclier. 


Panoramica de una cordada en la Walker

Una vez en la base del desplome, nos relajamos un poco y bebemos algo para recuperar el reseco que llevamos toda la mañana. Entre tanto Roger se coloca el material para escalar el primer largo de 6C expo. Hemos escalado 500 metros de terreno descompuesto, que nos ha llevado más tiempo de lo previsto, debido a un embarque y a lo pesado de las mochilas, aun así estamos motivados y con ganas de llegar al vivac de la R4 del bouclier.

El primer largo duro nos pone en su sitio, Roger se equivoca y en vez de ir a la izquierda desde un pitón, tira a la derecha y abre una variante de cojones ( entorno al 7B obligado). Para cuando llego a la reunión el ya ha izado las mochilas por la cuerda auxiliar. Comentamos la jugada y le digo que menudo largo que te has currado “ nano”, este embarque nos a hecho perder un poco mas de tiempo de lo previsto y vemos como nos quedan tres horas escasas de luz. El siguiente largo se ve mas tranquilo, un diedro fisurado de 6B+ con algún expanding suelto. También pierdo un poco mas de tiempo de lo habitual, ya que debajo del desplome me surge la duda de si por la izquierda o la derecha. Después de navegar un rato para cada lado, me decanto por el extremo derecho y “tate” encuentro un pitón que marca el topo como reunión opcional. La noche se nos hecha encima y con los últimos rayos de luz fijo la cuerda para bajar a donde Roger y empezar a montar el vivac.

Escalando el segundo largo de 6C

La idea original era escalar dos largos más hasta la repisa de la R4, pero las circunstancias y contratiempos que hemos sufrido durante toda la jornada ha hecho que nos tengamos que quedar en una mini repisa inclinada 80 metros por debajo de nuestro objetivo.

Son las 21:00 y por fin nos relajamos un poco en una mini esterilla que cortamos para los dos. El silencio de la noche es truncado por las continuas avalanchas de piedras, miramos hacia nuestra derecha y vemos dos cordadas vivaqueando en la Walker y pensamos hacia nuestro interior “ esta gente si que se la esta jugando”. Las piedras que caen por la canal derecha revotan y saltan por todos los lados. Podemos observar como pasan muy cerca de donde están vivaqueando.

La noche es templada, las temperaturas altas y una brisa suave de valle hace que podamos dormir mas o menos bien. El único problema que nos quita el sueño son los desprendimientos. Los chispazos saltan por todos los lados y cada cierto tiempo sacamos la cabeza del saco para ver el espectáculo. Pocas veces hemos pasado tanto miedo como en esta salida, el ruido era ensordecedor, por suerte nos lo tomamos con la calma y analizamos la situación fríamente a la mañana siguiente.

A las 6:00 AM nos ponemos en marcha y decidimos comentar la situación. Hasta este momento no se nos había pasado por la cabeza retirarnos del proyecto. Pusimos todas las cartas sobre la mesa y tras debatir durante una hora sobre que hacer al respecto, tomamos la decisión de llamar al helicóptero. Una de las razones que nos hecho tomar  la decisión de no continuar escalando fue el segundo vivac que nos iba a tocar realizar en el nevero superior pasado el Bouclier.

Yendo sin agua como íbamos y deshidratados la escalada de los 6 largos restantes se nos iba a hacer cuesta arriba y larga, provocando otro vivac en una zona expuesta a la parte alta de la pared, que es la mas descompuesta junto con la entrada de la vía.

 La situación no era muy alentadora. Llevábamos sin agua desde ayer por la tarde y veíamos que hasta el nevero de salida no íbamos a poder fundir nada, este contratiempo sumado a lo lentos que íbamos a ir por la deshidratación nos obligaría a pasar un segundo vivac y estar muy expuestos a los desprendimientos de la parte alta. Demasiado riesgo y tentar a la suerte, la experiencia nos hace decantarnos por que nos rescaten. La realidad era que estábamos en perfectas condiciones físicas, un poco deshidratados pero con ganas de escalar. Pero el sexto sentido nos decía que “ cuidado” con la decisión que tomemos. Ya ayer jugo a nuestro favor el factor suerte y seguir hacia arriba era tentar demasiado. Nos planteamos rapelar los 600 metros que habíamos escalado, pero pensando fríamente la escombrera por donde subimos, se nos quitaron las ganas de rapelar el zócalo de abajo. Creímos que era igual de expuesto que seguir hacia arriba, así que no nos quedo otra que llamar al helicóptero. En un primer momento no nos hizo ninguna gracia tener que acudir a los gendarmes, para el rescate. Ya que somos de los que pensamos que hay que salir como sea. Esa es nuestra filosofía interna después de escalar en rincones del mundo donde no existe el rescate. La estrategia la solemos llevar al extremo teniendo casi siempre todos los cabos atados. En esta ocasión el fanatismo nos llevo a una ratonera en donde jugar mal una carta, que es lo que nos sucedió, hizo que tengamos que recurrir al helicóptero.

El rescate no fue fácil por la ubicación que teníamos. Desde que llamamos hasta que apareció el helicóptero transcurrió media hora larga. Ya les dijimos que estábamos bien y que el problema era la situación concreta. Esa misma mañana desde que amaneció, ya habían sacado a otras dos cordadas del Aiguille du la Republic y desde la misma Walker y todos por el mismo motivo “ la caída de piedras y lo peligroso que estaba la montaña”.

Para cuando nos queremos dar cuenta tenemos el helicóptero encima de nuestras cabezas. La situación no era fácil y nos lo trasmitieron los gendarmes, nos dijeron que iban a dar un vuelo de reconocimiento y nos llamaban al móvil para comentar la situación. Al cabo de un rato nos llaman y comunican que nos sacan, que el piloto lo ve claro. La maniobra era complicada y para cuando volvieron ya teníamos todo preparado para las futuras maniobras. En estos casos te sacan de uno en uno con el cable. El heli se puso encima nuestro en estacionario muy pegado a la pared, bajaron el cable a unos 40 metros con un rescatador, la maniobra para acceder a nuestra repisa no fue fácil, el rescatador empezó a pendulear hasta que le pudimos dar la mano y se desengancho del cable. El protocolo de actuación fue perfecto y en poco mas de 15 minutos estábamos los dos colgados en el cable visualizando la pared desde lejos y con un patio de cojones. La verdad que nos quedamos sorprendidos de la profesionalidad de esta gente, ya lo sabíamos, pero era la primera vez que teníamos que recurrir al rescate y les dimos la enhorabuena por la actuación.

Fue un aprendizaje en toda regla, hay veces que el fracaso te hace ser más fuerte y sabio para futuras ascensiones. En esta ocasión tuvimos la gracia que no nos paso nada. Nos quedamos con el simple hecho de intentarlo y aprender en el camino. La ruta merecerá un segundo pegue en los próximos años.

Antes del rescate

 

blog comments powered by Disqus