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Sábado, 06 Abril 2013.

Ruta Californiana al Fitz Roy, Patagonia. 1200m VI/ 5.10, M5

Exocet al Cerro Standhart/Macizo del Torre. 800m VI/ WI 5+

El 17 de Noviembre del 2012 Dani Ascaso, Paula Alegre y el que suscribe, Jonatan Larrañaga, hacemos cima en el Fitz Roy tras 23 horas efectivas de escalada.

 

Nos encontramos en El Chaltén, un remoto pueblo del Sur de la Patagonia Argentina, concretamente en la provincia de Santa Cruz y en pleno corazón de la Reserva Nacional de los Glaciares.

Nuestra aventura comienza aquí, cuatro días antes del éxito, con un previo intento fallido a otro objetivo. La meteo anunciaba una brecha en este microcosmos de viento, lluvia y nieve que interrumpía la rutina diaria de nuestra cabaña. El objetivo inicial era la Supercanaleta al Fitz Roy, una de las vías míticas y más elegantes de la cara Oeste de esta mole granítica, que con sus 3.405 metros domina todo el valle del El Chaltén.

 

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Sin perder tiempo, y para anticiparnos a estos escasos días que señalan buena climatología, los días previos transcurren entre escaladas y caminatas para coger la forma y motivar la expedición rodeados de buenos amigos. Y sin darnos cuenta ya estamos embarcados en las rampas de ascenso al Paso del Cuadrado, nombre que recibe el collado por donde tenemos que atravesar al valle del Pollone.

Una de las principales características de los macizos patagónicos es su aproximación, que exigen grandes pateos cargados de material hasta llegar al pie de cualquier ruta de escalada, nada que ver con los macizos que estamos acostumbrados a transitar en Pirineos o Alpes.

Como digo, el 14 de Noviembre junto con Dani Ascaso hago mi primer intento al Fitz Roy por la Supercanaleta ( 1800m, VI, MD). La marcha comienza desde Río Eléctrico en un pequeño puente. Tras una hora y media de caminata por un sendero pedregoso que contornea el río atravesamos un bosque de lengas hasta que las primeras rampas de nieve en dirección a Piedra Negra hacen su aparición. A partir de aquí remontamos un desnivel de 1500 metros aproximadamente hasta el Paso del Cuadrado con la mochila que empieza a aplacar por el peso y nos obliga a una parada técnica para hidratar y descansar los hombros. El paisaje y el lugar son magníficos, tanto para Dani como para mi es nuestra primera incursión en este valle, por lo que lo desconocido nos ameniza mucho la marcha de aproximación. Después de 5 horas efectivas nos encontramos sobre el collado. Lo peor ya queda atrás y por delante solo resta la bajada hasta el pie de la cara Oeste. En este punto las vistas son espectaculares, en frente la aguja Pollone y el Piergiorgio, hacia el Oeste la aguja Mermoz y el Fitz, y al fondo, entre nubes, el Torre y la aguja Standhart se dejan entrever ¡Qué más se puede pedir!

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El pronóstico se está cumpliendo y aun con un cielo radiante el viento empieza a acuciar fuerte por lo que decidimos hacer vivac ahí mismo. Localizamos un bloque para hacer un muro de contención y descansar unas horas antes de acometer la escalada. No sin antes hacer un tanteo a la base de la Supercanaleta antes de dormir. Es cuando observo que la primera parte de la ruta un gran corredor de unos 1000 metros de desnivel esta este año finísimo y entrecortado, debido a un invierno con poca nieve y mucho viento. A pesar de ello estamos decididos a intentarlo. Por fin, después de 8 horas a pie con el material a cuestas y el vivac preparado nos encontramos dentro del saco fundiendo nieve y preparados para descansar del largo día de aproximación.Mientras cenamos el viento va en aumento, sin embargo nuestra motivación no cesa. La idea es despertamos a las 12pm para escalar de madrugada la parte de nieve y llegar lo más alto posible amaneciendo. A pesar de nuestra obstinación las condiciones adversas lo son aun más y a esa hora el aire sigue soplando tantísimo que las rachas de viento hacen imposible la escalada. Decidimos posponer tres horas el desayuno y a las 3am volvemos a sacar la nariz del saco, pero más de lo mismo. Aún con esperanza, aunque ciertamente más desmotivados, dormimos hasta el amanecer. Para esas horas ni el mejor café soluble ni la mayor de las ilusiones nos permiten ver con claridad la hazaña, se confirman nuestras peores previsiones y el intenso viento nos obliga a abandonar.

La Patagonia tiene esta dualidad, aproximaciones durísimas y resultados inestables. Ni en las peores circunstancias, y después de otras 5 horas de vuelta a casa, el ansia de escalar se desvanece. Esta misma sensación nos mantiene el ánimo y buscamos una nueva brecha para los próximos días.

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La paciencia en estas latitudes es una virtud a considerar y la cultivamos cada día, ahora sí la presión sigue alta y anuncia días buenos para final de semana. ¡Perfecto! tenemos un día entero para recuperarnos, borrón y cuenta nueva. Nos sentamos a deliberar el siguiente objetivo una vez descartada la Supercanaleta. Nos decantamos por otra vía con mucha historia y que cubre igualmente nuestras expectativas, la ruta Californiana en la cara Sur (norte orográfico de nuestro continente). Fue abierta en diciembre del 68 por un grupo de escaladores habituales de Yosemite denominados los “Funhogs”, los cerdos divertidos. Hicieron un largo viaje desde California hasta Patagonia en furgoneta y consiguieron la segunda ascensión al Fitz Roy después de Founrouge en la Supercanaleta.

Sin más dilación el día 15 de Noviembre reanudamos la marcha por la mañana, esta vez hacia el Paso Superior. En este segundo objetivo nos acompaña Paula Alegre. Este valle, a diferencia del anterior, es conocido por los tres. Yo concretamente en 2006 tuve la oportunidad de escalar tres agujas en esta zona (Poincenot, Mermoz y Guillaumet) en distintos ataques compartiendo cuerda con Oriol Baró.

Nuestra primera parada en esta nueva aventura tiene lugar en el campamento Río Blanco (campamento de escaladores cercano a Poincenot). Desde este punto afrontamos una buena cuesta hasta la Laguna de los Tres, que por estar completamente helada nos permite atravesarla por el medio para continuar nuestra marcha. En dos horas más, y con una nieve costra en muy malas condiciones, llegamos al Paso superior. A cuestas con nuestro fiel y tozudo compañero de expedición “el viento” nos planteamos hacer una cueva de nieve para cobijarnos y dormitar. Como siempre buscamos una buena ubicación para vivaquear y para las 10 de la noche después de fundir nieve, cenar algo y acomodarnos en los sacos, estamos concluyendo otra jornada maratoniana.

A las 3am del día 16 de Noviembre avanzamos otro poco por el glaciar camino de la rimaya. Luego, las rampas y un par de largos de mixto nos conducen a la Brecha de los Italianos. De allí, y ya con las primeras luces, trepamos hacia La Silla y bordeamos por su parte alta el glaciar con el mismo nombre. Tras un largo de hielo y mixto empieza la vía, la roca. La primera parte de esta ruta se desarrolla por la cara sur, es decir norte orográfico en nuestro continente. Hace frío y vamos avanzando buscando el itinerario a veces poco evidente lo que nos hace perder tiempo. Nos turnamos en la cabeza de cuerda a tramos de varios largos. La escalada no es difícil aunque el peso que llevamos nos obliga a apretar en algunos puntos.

Hacia el ocaso y prácticamente fuera de las dificultades, o eso pensábamos, seguimos escalando. Con ganas de acabar, en los últimos torreones damos vueltas como peonzas buscando una salida en este mar de granito.

Serán aproximadamente las 3am y aunque sabemos que a escasos 200 metros está la cima cansados, sedientos, con mucho frío y más sueño decidimos parar en una repisa que nos permite fundir algo de nieve y dar unos sorbos calientes y revitalizantes. Entre tiritonas dormitamos a la espera de algo luz. Por delante ya tan sólo unos fáciles trepaderos más y por fin hacemos cima a las 7am del día 17 con otra perspectiva. Momento de abrazos, fotones y muchísima emoción ya todo queda más bajo, pero todavía no hemos acabado. Tras algo más de 20 rápeles por la vía “Franco-Argentina” de la cara este y “La Brecha” llegamos de nuevo al glaciar donde nos espera una estupenda nieve costra para rematar. En el Paso Superior, donde nos esperan los sacos y una rica polenta, recogemos y seguimos caminando, pasito a pasito, vamos tropezando hasta la civilización en busca del chuletón.

Finalmente y con cerca de 45 horas de actividad sin parar a la chepa el cuerpito dice ¡basta! Es hora de comer, dormir, comer otra vez, algo de deportiva y paseos cortos… o eso recomiendan los entendidos. También recomiendan rezar lo que sepas para que no venga seguida otra “ventana” de buen tiempo.

En resumen, la “Californian route” es una de las más asequibles del Fitz Roy con +/-700 m. de dificultades y un total de 1200 metros de recorrido, mas todo lo demás y una dificultad de VI/A1. Es interesante llevar un buen croquis o tener una buena nariz para no perder mucho tiempo dando vueltas y llevar un poco de buen humor en la mochila para cuando escasea.

A finales del mes de Noviembre la meteo anuncia otra brecha. Esta vez cambio de valle y me decanto por una de las vías más emblemáticas de hielo de todo el macizo, la ruta “Exocet” al Cerro Standhart. Esta vía fue abierta por el mítico escalador americano Jim Bridwell. Con más de 800 metros de escalada, cuenta con seis largos bien verticales de hielo catalogados de WI 5+ dentro de una chimenea espectacular que da acceso a la arista cimera del cerro Standhart.

En esta ocasión me embarco con “El Jefe”(Jordi Corominas) en una larga marcha de aproximación hacia el valle del Torre.

Desde El Chaltén a pie de vía hay 40km aproximadamente, además de 1200 metros de aproximación. Si a esta ecuación le sumamos los kilos de nuestras mochilas, alrededor de 15 kg cada una con todo el material de escalada y vivac, cuanto menos es una aventura desafiante.

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Hacia las 5pm instalamos la micro tienda dentro de una grieta que nos favorece para estar resguardados del aire, ya que por la tarde sopla con fuerza. Las vistas sobre el macizo del Fitz son grandiosas, mientras fundimos nieve aprovechamos para preparar todo el material necesario para la escalada del día siguiente. En unas horas suena el despertador, todavía es de noche, y de nuevo nos enrolamos dirección al collado de la Standhart. El cielo está radiante de estrellas y la luna nos ilumina haciendo las veces de un frontal natural. En dos horas aparecemos en el collado donde esperan Manu y Korra dispuestos para otra travesía, Standhart- Egger- Herron.

Los primeros largos se complican por problemas de orientación donde perdemos algo de tiempo hasta encontrar el itinerario correcto. Está amaneciendo y casi sin darnos cuenta ya estamos a pie de la chimenea. Debido a la pérdida de tiempo y al estrés sufrido en la primera parte paramos para hidratar y comer un poco al tiempo que valoramos la situación. La temperatura es alta y eso nos preocupa, ya que los siguientes pasos son 300 metros de chimenea muy encajonada y llena de hielo. Sin motivos aparentes en contra decidimos continuar, ya que a primera vista el hielo parece bueno. Una vez pasados cuatro largos guapísimos sobre hielo encajonado, nuestra decisión cambia de rumbo y decidimos bajarnos. Es duro abandonar a pocos metros de cima, pero siendo fieles a nuestra máxima la seguridad cobra protagonismo.

Después de largo rato escalando bajo una ducha permanente de agua las protecciones en el hielo nos resultan muy dudosas. Tras una valoración global de la situación, mas los proyectiles que se precipitan por encima de nuestras cabezas, Jordi y yo nos miramos y sin mediar palabra empezamos a rapelar.

Calados hasta los huesos en un macizo como la Patagonia, donde si cambia el aire corremos el riesgo de acabar con congelaciones, consideramos no jugar a los superhéroes. La bajada mediante rapel por la misma ruta hasta la base de la chimenea nos sitúa a otros 14 rapeles por la ruta Scud hasta la base de la rimaya. En total 18 rapeles en los que nos hemos empleado a fondo, debido a que la mayoría de las reuniones las instalamos de nuevo. Y, como en las anteriores, aquí no acaba la jornada, después de recoger el campamento retomamos la marcha de aproximación hasta el mismo pueblo. El resultado, 25 horas non-stop y satisfechos con la actividad.

Este ha sido un pequeño resumen de nuestra aventura Patagónica. En definitiva escalar en este macizo es todo un arte de logística, motivación y perseverancia.